Donald Trump se mueve en lo político como si viviera protegido personalmente por una “cúpula dorada”, su proyecto acariciado de escudo espacial de defensa de misiles para Estados Unidos. El presidente se muestra inmune a la lluvia de críticas y denuncias sobre su deriva autoritaria y este martes se ha reafirmado en su decisión de desplegar casi 5.000 efectivos militares en Los Ángeles, 4.000 reservistas de la Guardia Nacional y 700 marines.
Ese despliegue lo ha realizado, como no pasaba desde 1965, sin que se lo pidieran las autoridades locales, que claman que era innecesario para aplacar manifestaciones de protesta contra las redadas de detención de migrantes. Y aunque hace saltar numerosas alarmas sobre una degradación vertiginosa hacia un estado policial e incluso militar, y otra escalada en su uso del miedo como potente arma, para Trump, que sigue teniendo el respaldo absoluto del Partido Republicano, es munición para proyectar una imagen de fortaleza en su cruzada contra los inmigrantes.
El mensaje de mano de hierro de Trump va a reforzarse también este sábado con un desfile militar en Washington para marcar el 250 aniversario del Ejército (y su 79 cumpleaños). Y todo llega en un momento que políticamente era complicado para él, una debilidad de la que ya el miércoles pasado trataba de desviar la atención con una metralleta de polémicas acciones políticas en una sola tarde.
La demostración de fuerza es tan real como las deficiencias: no tiene acuerdos que poder mostrar en su guerra comercial global con aranceles, pasa apuros para recabar en el Senado apoyos suficientes para el megaproyecto de ley fiscal y presupuestaria, no consigue avances hacia la paz o meras treguas en las guerras en Ucrania y Gaza y ha vivido una épica ruptura pública con Elon Musk.
Costes
El despliegue de militares, que en principio durará 60 días pero que el secretario de Defensa puede prolongar lo que estime conveniente según la proclamación ejecutiva firmada el sábado por Trump, tendrá un coste de cerca de 134 millones de dólares. Así lo ha reconocido la contralora interina del Pentágono en una vista en el Congreso, la misma donde el secretario de Defensa, Pete Hegseth, se había negado antes a dar una cifra.
Hegseth ha sido feroz en su comparecencia a la hora de defender a Trump y su decisión y ha chocado en varias ocasiones con los demócratas en el subcomité de la Cámara Baja. Una de las representantes, Betty McCollum, ha asegurado que el despliegue de los reservistas, que comenzó el domingo, fue “prematuro” y que la decisión de sumar marines en activo el lunes fue “directamente una escalada”. “El personal militar en activo no tiene absolutamente ningún papel en tareas de aplicación nacional de ley y no están entrenados para esas misiones”, ha denunciado la demócrata.
En otra vista que se desarrollaba en el Senado, un general, Eric Smith, ha defendido que los marines sí están entrenados para control de masas y ha dicho que en Los Ángeles tendrán escudos y porras. También ha afirmado que no tienen autoridad para realizar arrestos y que están desplegados solo para proteger propiedad y personal federales. Cuando el senador demócrata Richard Blumenthal le ha preguntado sobre el peligro de que puedan usar fuerza letal y provocar heridos o fallecidos el militar ha replicado: “No estoy preocupado. Tengo mucha fe en que los marines y sus líderes ejecutarán las tareas legales que se les encomiendan”.
Duelo con California
En un mensaje en Truth Social este martes Trump, como ya hizo el lunes, ha insistido en decir que si no hubiera “enviado las tropas” la ciudad de Los Ángeles habría sido “hecha cenizas”. Esa acusación contrasta con las noticias que llegan desde el terreno y de las autoridades locales. Aunque desde el viernes ha habido protestas que en algunos casos han sido violentas y acompañadas de actos vandálicos y de pillaje, en la urbe han estado prácticamente limitadas a unas manzanas en el downtown.
Trump, no obstante, aprovechaba para lanzar críticas a la alcaldesa de la segunda ciudad más grande de EEUU, la demócrata Karen Bass, y el gobernador también demócrata, Gavin Newsom. Los tildaba de “incompetentes” abriendo el foco de las críticas (con exageraciones) a la reconstrucción tras los incendios.
