La autora española más leída del género romántico, Megan Maxwell, nacida como María del Carmen Rodríguez del Álamo Lázaro, ha ambientado en Ibiza muchas de sus novelas, sin embargo, nunca, hasta ahora, había presentado sus libros en la isla. Lo hará por fin, de la mano de la librería Hipérbole, el próximo 15 de julio a las 18 horas en el auditorio de Can Ventosa, en Vila. Allí hablará de su última obra, ‘Nuestro largo adiós’ (Esencia), que vio la luz el pasado 2 de julio. Algunas de las claves de este proyecto las cuenta, desde su casa en Madrid, en una entrevista telefónica concedida a Diario de Ibiza.
Ibiza aparece en muchas de sus novelas, incluida la última, ‘Nuestro largo adiós’. ¿Qué tiene de especial para usted la isla?
Es un sitio que me da muchísima paz. Cuando pienso en Ibiza siempre sonrío porque en la isla me lo he pasado muy bien, tanto cuando he ido con mis amigas como cuando he viajado con mis niños de pequeños. A Ibiza le tengo un cariño muy especial. La he visitado muchas veces, también Menorca y las Canarias. Me encantan las islas en general. Al vivir en la vorágine de Madrid, donde todo va deprisa y corriendo, cuando visito alguno de estos sitios pienso en lo bien que se vive allí.
Aparte de Ibiza, aparece como escenario principal de esta novela otra isla también muy turística, en este caso, en Grecia. ¿Por qué Santorini?
Quería dos islas. Una que conociera y otra que quisiera conocer. Yo nunca había estado en Santorini y siempre me decían: «Si algún día vas a allí te va a recordar mucho a Ibiza». Y es verdad, lo he comprobado cuando la he visitado después de escribir la novela. Muchos de los sitios que aparecen en mis obras son lugares donde me gustaría mucho viajar, de los que he buscado mucha información en Google y de los que me han hablado mucho.
Centrándonos en ‘Nuestro largo adiós’, ¿qué hay de nuevo o distinto en esta novela con respecto a lo que ha escrito antes?
Distinto no hay mucho porque cada escritor tenemos nuestra voz y nuestra manera de escribir las novelas. Lo único diferente es la historia. Hace tiempo escribí ‘El día que el cielo se caiga’, que es una historia que llega al corazón, y mucha gente me preguntaba cuándo iba a volver a escribir algo de ese estilo. El momento ha llegado con ‘Nuestro largo adiós’, que es una novela que al terminarla te deja con el corazón encogido y deseando poder conocer un amor, como el que se tienen Bris y Álvaro, los protagonistas.
¿En qué sentido su historia de amor es diferente a las que ha contado con anterioridad?
En que sus protagonistas saben que tiene fecha de caducidad y que, a pesar de los pesares, deciden tirar para adelante. Una cosa que les queda muy clara es que tienen que disfrutar el día a día. Si todo el rato estás pensando en el futuro, hay veces que te pierdes el presente. Muchas veces estamos preocupados en lo que tenemos que hacer mañana y no nos centramos en lo que está pasando ahora mismo. Lo que tenemos que intentar es disfrutar cada minuto de lo que estamos haciendo porque es algo que no se va a repetir.
Portada del libro ‘Nuestro largo adiós’. / Esencia
Me consta que esta novela tiene menos escenas de sexo que otras anteriores.
Sí, es cierto. No es un libro que esté lleno de sexo, está repleto de vivencias y de positividad. Tiene sus escenas eróticas porque siempre las hay en mis novelas, pero no tantas como en otras ocasiones.
Aparte del amor de pareja, también toca el amor de familia, que es un vínculo que puede ser sano, pero, a veces también, muy tóxico y limitante…
En este libro lo abordo desde los dos ángulos: el de tener una gran suerte con la familia que te toca y el de tenerla muy mala. Y lo que hago entender es que, muchas veces, la familia de vida que uno elige es mucho mejor que la familia que te toca de sangre.
«Todas mis protagonistas, incluida Bris, tienen mucho de mí»
¿Hay mucho de usted en esa protagonista positiva, espontánea, contestataria y emocional?
Todas mis protagonistas, no solamente Bris, tienen mucho de mí. De hecho, mis amigas, cuando leen un libro mío, siempre me dicen que saben cómo va a responder la protagonista porque es como yo.
¿Qué ingredientes no pueden faltar en una obra suya, ya sea novela romántica pura y dura, medieval, chick lit o erótica?
Lo que nunca puede faltar son mujeres guerreras, eso lo tengo claro. Mujeres a las que la vida no se lo pone fácil y, sin embargo, ellas luchan por salir adelante, tanto sea en el siglo XIII como en el XXI. Los finales felices tampoco pueden faltar, pero feliz no quiere decir que se acabe la historia en pareja comiendo perdices, también puede ser que la protagonista siga adelante ella sola, pensando que vale un montón y que no quiere quedarse anclada en el pasado.
En las últimas décadas el concepto del amor y de las relaciones de pareja ha ido evolucionando bastante. ¿Cómo ve el panorama actual, condicionado por las aplicaciones de citas y las redes sociales?
El panorama lo veo complicadete, pero al mismo tiempo me parece muy bien que existan otras maneras de conocerse. Yo tengo un par de amigos que se han conocido a través de aplicaciones y son súper felices. No puedo decir que todo el mundo que se conoce a través de ellas dure dos días, también hay quien acaba teniendo su bonita historia de amor. Piensa que si no existieran las redes sociales, hay personas que no se hubieran conocido en la vida.
Pero ha dicho que ve el panorama complicado, ¿por qué exactamente?
Quizás lo he dicho porque estoy divorciada y porque el amor, según te vas haciendo mayor, se vuelve cada vez más complicado porque toleras menos, te vuelves más exigente y un poquito más egoísta. Dices: «Cuando tenía 20 años, contigo, pan y cebolla; pero ahora que tengo 50, déjalo, si tengo un solomillo, mejor para mí sola». Yo no voy a decir que el mundo que vivió mi madre o mis abuelos fuera más fácil, fue más duro; pero en el mundo en el que estamos viviendo nosotros ahora mismo tenemos muchas cosas tan fáciles que precisamente esa facilidad nos complica la vida. Puedes tener muchas posibilidades, pero, a lo mejor, tienes tantas que no sabes dónde elegir y te acabas decantando por el que menos o la que menos te conviene. Antiguamente quizás solo tenías a una persona para elegir y con esa te quedabas, te podía salir bien o mal. Ahora te pones a ligar por redes sociales, tienes 20, eliges el que más mono o el que más gracioso te parece y luego puede que resulte que te has quedado con la peor elección.
Entiendo, por lo que cuenta, que en estos años ha cambiado mucho el concepto que usted misma tenía del amor.
Sí, totalmente. Siempre he sido y sigo siendo una romántica, por eso escribo novelas románticas, pero con los años la vida te va enseñando que el romanticismo es muy bonito, pero que, aparte, hay muchas cosas más. Por eso te decía que cuando eres joven te vale eso de ‘contigo, pan y cebolla’, como se decía antiguamente, pero cuando eres más mayor te das cuenta de que no, que no es suficiente, que necesitas otras cosas más que, a lo mejor, cuando tienes 20 ni piensas en ella. A mí ya no me vale el ‘contigo pan y cebolla’ porque me he vuelto más exigente y porque sé de qué va la vida. A lo mejor cuando estás en la veintena dices: «No pasa nada, yo hago las cosas», pero cuando tienes 50 dices: «No, las cosas las hacemos los dos, porque si las hago yo todas, no merece la pena».
«Lo que no repetiría otra vez, sabiendo lo que sé, es tener niños y olvidarme de mí»
Aunque sus protagonistas son mujeres fuertes y no damiselas en apuros, ¿no le preocupa que, de alguna manera, esté contribuyendo a seguir perpetuando una imagen del amor romántico que ya se lleva construyendo desde el siglo XVIII y que nos lleva a creer que existe y que es la panacea encontrar a tu media naranja, el príncipe o la princesa azul, tu alma gemela o como quieran llamarlo?
Para empezar, tengo un libro que se llama ‘Los príncipes azules también destiñen’, así que yo no creo ni en los príncipes ni en las princesas azules. Esos cuentos tan bonitos que nos enseñaron de niñas nos confundieron a muchas de nosotras. Pero no me preocupa contribuir a esa construcción cultural del amor romántico que nos han contado porque yo en mis novelas hago precisamente lo contrario. En mis libros el príncipe no viene a salvar a la princesa, en todo caso, se salvan mutuamente. En ese sentido estoy muy tranquila porque lo que intento es reflejar una mujer válida, empoderada, que puede con todo. Lo que yo potencio muchísimo en mis novelas es el mensaje de que, antes de querer a otros, primero nos tenemos querer a nosotras mismas. Siempre digo que ser madre es una maravilla, yo lo he sido y lo repetiría 50 millones de veces. Lo que no repetiría otra vez, sabiendo lo que sé, es tener niños y dejarlo todo por ellos y olvidarme de mí, como hemos hecho miles de mujeres. Porque el tiempo pasa y, de pronto un día te miras al espejo y dices: «¿Dónde estabas? Te perdí hace quince años» y tienes que volver a reiventarte.
«Los libreros son los primeros que se han dado cuenta de que la novela romántica es lo que les está salvando el mes»
¿Cree que la novela romántica sigue considerándose un género menor?
Sí, siempre ha sido considerada así y, mientras que haya muchas personas que tengan prejuicios al respecto de la novela romántica, seguirá siendo considerada de segunda categoría. Mi madre siempre ha sido una grandísima lectora de novela romántica y recuerdo que cuando le iba a comprar algún libro de Danielle Steel por su cumpleaños, siempre estaban al fondo de la librería, como medio escondidos. Ahora, aunque sigue siendo considerada como novelita rosa, cosa que me da mucha rabia, me encanta ver que tanto mis libros como los de otros compañeros están colocados en sitios perfectamente visibles. Los libreros son los primeros que se han dado cuenta de que la novela romántica es lo que les está salvando el mes, porque los lectores de este género no leen un libro mensual, se leen siete.
¿Tiene mucho público lector masculino?
Sí, las mujeres siguen siendo mayoría, pero cada vez tengo más hombres que me leen y que vienen a las firmas.
¿Qué sintió cuando el año pasado vio plasmada en serie de televisión su saga ‘¿A qué estás esperando?’ y en película, su primera novela erótica, ‘Pídeme lo que quieras’?
Yo no digo que al 100% de los escritores les guste ver su trabajo en formato audiovisual, pero yo creo que al 85% o al 90% sí nos gusta. Que pensaran en mí tanto para la peli como para la serie fue un subidón de alegría. Además, es muy curioso asistir al rodaje y ver a los actores interpretando a esos personajes que tú has creado con sus defectos y virtudes. A mí me encantó la experiencia y ojalá se vuelva a repetir.
Usted tuvo que esperar doce años para conseguir que una editorial le hiciera caso. ¿Qué le aconsejaría a alguien que esté tratando de publicar su primera novela ?
Lo primero, que tenga mucha paciencia porque esto no es rápido, es rarísimo que seas un autor desconocido, escribas un libro, lo publiques y sea un éxito. Eso le ocurre a una persona entre 50 millones y no es mi caso precisamente. Además de armarse de paciencia, le diría, sobre todo, que confiara en lo que escribe, que no se deje guiar ni por modas ni escriba lo que otros le digan, sino lo que le parezca. Hace años me echaban para atrás las novelas porque me decían que las mujeres que yo creaba tenían demasiado carácter y que se lo tenía que rebajar y yo decía que una mierda, no tengo yo carácter ni nada, además, me he criado en un matriarcado. Cuando me negaba a seguir sus consejos me decían que nunca me iban a publicar y yo pensaba: «Pues que no me lo publiquen, porque si lo hacen lo que quiero es que sea algo que me guste y de lo que me sienta orgullosa».
¿Qué le motiva a seguir escribiendo después de más de 60 novelas publicadas?
Que me encanta escribir, de siempre. Cuando empecé a publicar, ya tenía como catorce novelas en el cajón. Lo que me motiva es seguir contando historias, me gusta mucho que la gente disfrute con ellas, se ría, llore, se excite, se enfade… Yo siempre he sido muy lectora y para mí un libro que no hace sentir emociones me resulta aburrido. Así que básicamente escribo porque me gusta y porque si no, la cabeza me explota de tantas ideas que tengo.
¿Con qué nueva idea anda trabajando ahora?
Mi proyecto inmediato es entregar un nuevo libro en agosto para que pueda salir en noviembre. El año pasado escribí una novela de navidad y gustó muchísimo, así que este año he decidido repetir.
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