La Comisión Europea ha presentado este jueves la propuesta legislativa que hará efectiva, una vez aprobada, la reducción a los aranceles sobre buena parte de los productos procedentes de Estados Unidos, a la que la Unión Europea (UE) se comprometió en el acuerdo comercial con Washington, a cambio de una rebaja para los coches europeos.
El sector automovilístico europeo puede respirar tranquilo. Si Estados Unidos cumple su parte del trato, las exportaciones de coches europeos estarán sometidas, con efecto retroactivo desde el 1 de agosto, a un arancel del 15%. Esto supone una rebaja sustancial ya que los vehículos se enfrentaban a un gravamen del 27,5% desde el pasado mes de mayo. Bruselas calcula que los fabricantes se ahorrarán unos 500 millones de euros.
La rebaja debería seguir a la propuesta que la Comisión ha presentado este jueves. Se trata del primer paso del lado comunitario para traducir el pacto político que Washington y Bruselas alcanzaron el pasado mes de julio, en decisiones legalmente vinculantes. El texto prevé una reducción sustancial o la eliminación total de los gravámenes a una larga lista de productos estadounidenses.
Maros Sefcovic, jefe negociador de la UE, ha destacado en una comunicado que el acuerdo entre la UE y Estados Unidos “da un paso más hacia la estabilidad”. Sefcovic ha apuntado, en sútil referencia a que corresponde ahora a Washington hacer su parte, que “redunda en nuestro interés mutuo que ambas partes respeten sus compromisos y garanticen la plena aplicación del acuerdo”. El esloveno da por hecho que con la propuesta sobre la mesa, la Casa Blanca rebajará los aranceles a los coches. Lo que ayudará a la industria automovilística europea “a seguir siendo competitiva en la escena mundial”.
La rebaja
Las diferentes proposiciones de ley que ha presentado este jueves la Comisión introducen tres tipos de rebajas. Para empezar, eliminan por completo los aranceles para productos industriales procedentes de Estados Unidos. Bruselas alega que un 67% ya estaba libre de tasas antes del acuerdo.
A pesar de que la industria se enfrenta a aranceles del 50% en una larga lista de productos derivados del acero, y de que los coches estadounidenses llegarán libres de aranceles, Bruselas le da la vuelta. Alega que este acuerdo permite aliviar la carga a los importadores europeos de productos estadounidenses, calculando que ahorrarán 5.000 millones de euros.
La Comisión ha propuesto también reducir sustancialmente los gravámenes que se imponen a una larga lista de productos agroalimentarios, en base a cuotas. Esa lista va desde productos lácteos a frutos secos, pescado, carne de cerdo y semillas. El Ejecutivo defiende que no afecta a productos «sensibles», como la carne de vacuno o las aves de corral, y solo incluye áreas donde existe una «fuerte» demanda interna, y hay espacio en el mercado.
La legislación que ha propuesto Bruselas formaliza también la ampliación del acuerdo existente respecto a la langosta. Este acuerdo, previo a la guerra comercial, elimina los aranceles a las importaciones. Con la nueva propuesta legislativa, se ampliará a la langosta procesada.
La reducción de los aranceles que contemplan las propuestas es indefinida. Al mismo tiempo, la Comisión se reserva la posibilidad de suspenderla, de manera parcial o total, “si fuera necesario”. En particular, según fuentes comunitarias, esto podría darse si el Ejecutivo estima que las medidas tienen un impacto “realmente negativo” en los mercados europeos.
Pendiente de negociar
La legislación deberá seguir el curso habitual y recibir el respaldo de la Eurocámara y el Consejo de la UE, donde están representados los gobiernos del bloque. Solo cuando sea aprobada formalmente entrará en vigor. Pero el pacto que Bruselas y Washington formalizaron la pasada semana solo exigía que la Comisión presentará «formalmente» la propuesta legislativa «necesaria para promulgar las reducciones arancelarias».
Mientras, el próximo 1 de septiembre debería entrar en vigor la eliminación de los aranceles, o una reducción significativa, a ambos lados del Atlántico para el sector de la aviación, el corcho o algunos genéricos. En paralelo, las partes trabajan para ampliar el acuerdo para abarcar otras industrias y otros mercados.
Bruselas defiende además el acuerdo, contrario al principio de no discriminación de la Organización Mundial del Comercio, alegando que dar un trato preferencial a un socio, en el marco de un acuerdo comercial, supone una excepción a esa norma. De hecho, el Ejecutivo defiende que la declaración conjunta subraya la voluntad mutua de liberalizar el comercio y rebajar aranceles a ambos lados del Atlántico. Aunque de momento, la rebaja llega más de un lado que del otro.
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