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España capea el ‘huracán Trump’: sin represalias pese al pulso sobre el gasto en defensa y las críticas por Venezuela

Hubo unos días del pasado mes de junio en los que la relación entre el Gobierno de Donald Trump y el de Pedro Sánchez parecía a punto de saltar por los aires. El presidente español había desairado al estadounidense, y a buena parte de sus socios de la OTAN, al convertirse en el único de los 32 miembros que se negaba, en público y por escrito, a cumplir con el objetivo de un 5% del PIB en gasto de seguridad y defensa. Supondría un salto demasiado grande, y decenas de miles de millones de euros que España no se podía permitir y que, además, según los cálculos presentados por el Ministerio de Defensa, ni siquiera eran necesarios para cumplir con las capacidades militares exigidas por la Alianza Atlántica.

Trump no se lo tomó bien, pero aparentemente tampoco muy mal. En sus primeras declaraciones, se pasó más tiempo elogiando a España y a su economía, y subrayando las maravillas del país, muy de su gusto, que abroncándonos por no cumplir. Pedía que pagáramos lo mismo que los demás, entre otras cosas porque parte de ese dinero se va a destinar a comprar armamento estadounidense, pero lo hacía sin inquina. Luego fue poco a poco elevando el tono, a medida que los periodistas, españoles sobre todo, le iban preguntando por el asunto. Entonces comenzaron las amenazas. 

“España siempre ha pagado muy poco. La OTAN tendrá que ocuparse de eso”, dijo el 20 de junio. “Hay un problema con España. España no está aceptando, y eso es muy injusto para el resto”, afirmó cuatro días después. “Estamos negociando con España un acuerdo comercial. Vamos a hacer que paguen el doble”, clamó el 25 de junio. “Ustedes son el único país que no está pagando. No sé cuál es el problema”, añadió.

Analistas y medios de comunicación comenzaron a especular con las opciones estadounidenses para castigar a España. Como la política comercial es europea, y los aranceles se ponen para los 27, muchos pronosticaron que Trump elegiría poner aranceles precisamente a las exportaciones más españolas, como aceite, vino o aceituna. No lo hizo.

Los aduladores de Trump

Contrasta la situación con la de Francia. El presidente Emmanuel Macron ha desplegado todo su glamour con el estadounidense, le ha visitado en la Casa Blanca, ha hecho desfiles en su honor, ha aplaudido su intervención en Venezuela. ¿Cuál ha sido la respuesta de Trump? Una burla pública en toda regla hace unos días. Gesticulando, imitó al galo como un ser sometido: “Haré lo que quieras, Donald, pero no se lo digas a mi población”, se mofaba ante un público de republicanos que se reía a carcajadas. “Aumentaré el precio de mis medicamentos un 200%, o lo que sea, lo que quieras, Donald, por favor, pero no se lo digas a la población, te lo ruego”.

“Les presentamos al líder de la resistencia europea anti-Trump”, llegó a titular la revista The Economist

¿Cuál ha sido el castigo para Sánchez? Por el momento, ninguno. Trump ha aplaudido lo bien que va la economía del país, la que más crece y más empleos genera, para luego añadir que precisamente por eso debería pagar más. Si prepara una represalia, de momento en Moncloa no han oído hablar de ella. 

“España, a diferencia de otros países, no se ha presentado como servil, ni se ha humillado. Al mismo tiempo, ha evitado el enfrentamiento directo. Cuando se han criticado las políticas de Trump, se han usado eufemismos”, dice en conversación con EL PERIÓDICO Eduard Soler, profesor de Relaciones Internacionales en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del Institut Barcelona d’Estudis Internacionals (IBEI). “Mi intuición es que Trump no premia demasiado a los países o líderes que se ponen a sus pies y lo adulan. Le transmite una sensación de excesiva debilidad del interlocutor, que puede aprovechar para tratar de presionar más”. 

Al mismo tiempo, es clave que Sánchez haya evitado convertirse en la némesis del republicano y haya evitado el choque directo. “Ha habido una estrategia deliberada de presentarse todo el tiempo como un aliado sólido, fiable y útil para los intereses de Estados Unidos. Margarita Robles ha hecho su trabajo en el ámbito de la Defensa. Hemos albergado en Madrid la reunión de alto nivel entre Estados Unidos y China que ha servido para avanzar para arreglar el asunto de TikTok, y ahí hubo conversaciones bilaterales. Además, no hay desequilibrio comercial, y Estados Unidos es un gran suministrador de combustibles fósiles a España (el mayor en gas natural licuado). Y tenemos las bases de Rota y Morón. Estados Unidos ve que somos un actor útil, no hostil”.

Tampoco es desdeñable el hecho de que España es un país menor, que no da problemas ni está en el epicentro de la estrategia expansionista marcada por la Administración Trump. Le interesa aplicar la coerción en lo que considera su Hemisferio, el occidental. Por eso va contra Venezuela o Groenlandia. 

Menos apoyo a Vox que a AfD

Ni siquiera parecemos estar en el centro de la diana de Trump en su plan de dar apoyo a los partidos de extrema derecha en Europa. En la Estrategia de Seguridad Nacional publicada por su Administración, se pone el foco en la presunta decadencia del Viejo Continente, en particular por aceptar inmigración. Se propone apoyar a los partidos “patriotas”, es decir, los nacional-populistas xenófobos que prosperan en el Viejo Continente.

Pero, mientras ha apoyado abiertamente a los radicales de Nigel Farage en Reino Unido o a los de Alternativa por Alemania en Alemania, a Vox parece mantenerlo en un segundo plano, apunta Soler. Y eso que España es el país que más boom migratorio está teniendo. A Vox les ha dado algo de apoyo, incluso ha mencionado a su líder (Santiago “Obiscal”). Pero, por el momento, no ha interferido para impulsarlos.

Pedro Sánchez ha sido una de las voces más críticas dentro de la Unión Europea contra la violación de la soberanía y del orden internacional basado en reglas que supuso el asalto y bombardeo de Venezuela para capturar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa y llevarlos a Estados Unidos a ser sometidos a juicio por narcoterrorismo. En ese sentido, Sánchez llegó a firmar con los países afines del foro Celac, Brasil, Colombia, Chile, México y Uruguay, un comunicado condenando enérgicamente esas acciones. De nuevo, no hubo siquiera una protesta diplomática desde Washington, que sí ha cargado anteriormente con dureza contra el colombiano Gustavo Petro o contra el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva. 

La actitud más similar a la española, apunta el analista, ha sido quizá la de la mexicana Claudia Sheinbaum. Ella se ha mantenido en un tono de crítica firme pero constructiva, y por el momento su país, a pesar de ser el mayor foco de tráfico de drogas hacia Estados Unidos y ser ella de izquierdas, no ha sufrido la ira del vecino norteamericano.

Sánchez también ha tratado de templar, incluso aunque está en las antípodas ideológicas. Lo hizo desde un primer momento. Cuando Trump ganó las elecciones, el Gobierno de España le felicitó. No lo hizo, por ejemplo, con Javier Milei tras su victoria electoral en Argentina. 

Donald Trump (izquierda) y Pedro Sánchez (derecha), con otros dirigentes de países miembros de la OTAN, el pasado junio. LA HAYA, 25/06/2025.- / J.J. Guillén / EFE

Les presentamos al líder de la resistencia europea anti-Trump”, llegó a titular la revista The Economist el pasado mes de septiembre. Recordaba, por ejemplo, cómo en la cumbre de la OTAN en la que Sánchez se desentendió de los objetivos comunes de gasto, también hizo un feo durante la foto común, poniéndose un poco más alejado del resto del grupo, lo que se entendió como un cierto desplante. 

Pero, en general, Sánchez ha conseguido no enemistarse frontalmente con el presidente estadounidense ni con nadie de su equipo. Al menos, en este primer año de presidencia del “huracán Trump”.

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