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Quim Salarich, abanderado español en los JJOO: «Si hoy me retirase, estaría contento con lo que he hecho»

El esquiador catalán Quim Salarich (Vic, 1994), especialista de esquí alpino, afronta sus terceros Juegos Olímpicos convencido de que llega en el mejor punto de madurez técnica y competitiva y con el aliciente de haber sido designado abanderado del equipo español junto a Olivia Smart. Salarich llega a Milán tras haberse colado en el top15 de la Copa de Europa que tuvo lugar ayer en Baqueira Beret.

Afronta su tercera participación en unos JJOO. ¿Cómo llega a la cita?

Dicen que a la tercera va la vencida. Seguramente a nivel de resultados no llego tan bien como en 2022, cuando conseguí mis mejores marcas, pero sí en madurez técnica y táctica y en experiencia en grandes eventos. Siento que puedo lograr el mejor resultado. Luego el deporte es como es y pueden salir o no porque hay muchos factores externos que influyen. Llego motivado por los últimos resultados, la pista se adapta a mis condiciones y solo falta que llegue el frío y que la pista esté perfecta. En el portillón saldré a comérmelo todo.

Es uno de los veteranos del equipo. ¿Le piden consejos los debutantes?

La delegación es muy amplia, hay muchas disciplinas entre Hielo, Montaña y nosotros, pero entre deportistas de invierno hablamos bastante. Somos como primos de una familia que se encuentran en la comida familiar de Navidad, que son los Juegos. Al no competir entre nosotros, que eso ayuda, nos apoyamos mucho.

¿Qué consejo les da cuando le preguntan?

Lo primero es que si están clasificados, es porque que lo valen y pueden hacer buenos resultados. Y al final es una carrera en la que puede pasar de todo, vayas como favorito o como ‘outsider’. Es una experiencia que igual solo vives una vez, nunca se sabe, por tanto, no puedes guardarte nada en el portillón. Si no vas al 100% puedes llegar a meta y arrepentirte. Podrían ser mis últimos juegos y lo último que haré será dudar en el portillón de lo que tengo que hacer.

¿Cuándo se enteró de que sería abanderado?

Lo supe oficialmente el día 19 de enero, hace poco más de diez días. Ese mismo día me llamó Ricardo Leiva (Director Deportivo del COE) y me dijo que al día siguiente tendría una reunión con Alejandro Blanco (Presidente del COE). Pensaba que iban a confirmar que iba a los JJOO porque aún no se había hecho oficial en redes ni en prensa. Entré a un Zoom y vi “Abanderados 2026”. Se me puso la piel de gallina. El otro día hablé con Lucas Eguibar y me quedé con ganas de preguntarle si pesa mucho la bandera (bromea). Le mandaré un WhatsApp un día de estos.

Quim Salarich en una competición reciente / RFEDI

¿Qué significa para usted?

Lo vivo como una recompensa por toda mi carrera. Si hoy me retirase, estaría contento con lo que he hecho. Es verdad que, como guinda del pastel, me faltaría un podio de Copa del Mundo, pero lo de ser abanderado es muy especial. En esquí alpino había muchos candidatos a estar en los Juegos: compañeros que se han quedado a las puertas por un sistema de ranking internacional que, para países como el nuestro —competentes pero con pocos deportistas—, es injusto. Cuando voy, también compito por ellos. Y el hecho de ser abanderado me da un plus simbólico para representarles.

¿Los deportes de invierno están creciendo en España?

Sí. Es el año con más representantes y eso significa que se están haciendo cosas bien: apoyo institucional, estructura, patrocinadores… Ojalá esta dinámica permita que en futuras delegaciones haya también más opciones de medallas, diplomas y buenos resultados.

¿Dónde ha notado más esa inversión y ese salto de calidad?

En alpino se ve claro: cuando yo tenía la edad de algunos de los jóvenes, era impensable ir dos meses a Argentina a entrenar en condiciones invernales, o tener referentes que tirasen del carro. Ahora hay chicos con 18 años compitiendo en la Copa de Europa y con opciones de estar delante, y eso antes no lo teníamos. Y cuando llegan resultados, la federación respira económicamente y puede invertir más en la base: concentraciones, estancias, calidad de entrenamiento… se retroalimenta.

¿Cómo recuerda sus primeros Juegos?

Fue duro. A principio de temporada se daba por hecho que iría, pero por intentar desbloquear más plazas fuimos a competir a Corea y, tras una caída en la segunda manga, mi compañero me adelantó en puntos y mejoró su ranking. Esa semana me dijeron que no iba. Lo pasé muy mal, y unos 15 días antes me llamó el presidente: “Deja los palos y ven a Madrid, que vas a los Juegos”. Entré por una plaza que quedó libre. Llegué tocado psicológicamente por ese sube y baja.

En los segundos Juegos ya llegaba con otra posición.

Sí. En los segundos era claro que iría, estaba esquiando muy bien y hasta que me caí llevaba tiempo de medalla: en el primer intermedio iba tercero. Esa caída, dentro de lo duro, me sirvió para confirmar que podía estar ahí. Después de eso mis resultados crecieron mucho.

Ha dicho antes que pueden ser sus últimos Juegos. ¿Ha pensado en retirarse?

Quiero ir partido a partido. Seguiré mientras me vea competitivo y disfrute. Si no soy competitivo, seré el primero en apartarme para dejar sitio a nuevas generaciones. No sé si será dentro de cuatro años o más: mi cuerpo me dice que podría, pero dependerá de cómo me vea. Ahora estoy disfrutando más que nunca.

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