Hace cuatro años, cuando el Benidorm Fest (BF) echó a rodar, una circunstancia histórica estuvo a punto de convertirse en realidad. Un trío de pandeireteiras, cantando en su gallego natal, se subían al escenario del festival valenciano en busca del triunfo. Su tema, ‘Terra‘, gustaba. Tanto que algunas quinielas predecían que sería el tema que se llevaría a Turín y se convertiría así en la primera vez que una lengua cooficial del país chafaría el certamen europeo representando a España. Al final, Chanel y su ‘Slomo’ se impusieron por solo seis puntos a una candidatura de Tanxugueiras que también se vio superada por el ‘Ay Mamá’ de Rigoberta Bandini. Sin embargo, pese a no confirmarse su victoria, sus aspiraciones sí dejaron un poso de diversidad, el mismo que siguió presente en los dos siguientes años con propuestas identitarias como la de la manchega Karmento (‘Quiero y Duelo’) o, en catalán, como la de Roger Padrós (‘El temps’) y que, en esta edición de 2026, parecen haber quedado relegadas a un segundo plano.
Árabe o francés, presentes
A pesar de contar con dos propuestas más que en los años previos hasta sumar 18 entre ambas semifinales, esa menor diferenciación no escapa de un análisis más clínico. Ayer, en la primera criba de aspirantes que se vivió en Benidorm, únicamente las propuestas de Izan Llunas y Kitai tuvieron versos en una lengua que no era la española. Fue el inglés, eso sí, el que se coló brevemente en sus letras. No hubo, por tanto, paralelismos que evocaran a ese «no hay fronteras» que llegó a resonar -incluso, en asturiano- en 2022. En el caso de la segunda semifinal que se vivirá mañana jueves, la situación será similar, aunque en la canción de Asha, ‘Turista’, sí se escucharán otros idiomas mucho menos habituales para un certamen español como son el francés o el árabe.
Asha, participante del Benidorm Fest, el pasado fin de semana. / Pilar Cortés
Eso sí, esta situación, pese a haberse consolidado en este primer festival sin el ‘premio’ de Eurovisión, no resulta completamente nueva. En la última edición, la de 2025, más allá del inglés que se pudo escuchar en canciones como la de Mel Ömana o Carla Frigo, solo el italiano ampliamente presente en el ‘Raggio di sole’ de Mawot dio variedad lingüistica a un certamen que se acabó llevando Melody.
Pero una menor variedad de sonidos tradicionales no implica, como se pudo ver anoche, una peor calidad escénica. Tampoco que propuestas con idiosincrasia y raíces autóctonas hayan desaparecido por completo del escenario del Palau. La mejor prueba de ello la dejará mañana Rosalinda Galán y su ‘Mataora’, una canción empoderada con claros ritmos flamencos y de pasodoble mezclados con elementos pop y urbanos.
Sonidos latinos y urbanos
Asimismo, si algo resuena en esta edición del Benidorm Fest es la presencia de sonidos latinos y urbanos, siendo la edición en la que -quizás- más protagonismo adquieren. En la noche de ayer, por ejemplo, ya se pudo escuchar ese ‘Bomba de amor’ de Luna Ki, una candidatura arriesgada -alejada de ese ‘Voy a morir’ con la que la artista catalana de ascendencia cubana se tuvo que retirar en 2022 del BF por el autotune- enmarcada en esa salsa moderna unida a una profunda producción electrónica. También en el ‘Rakatá’ de Dora -sobrina de Miguel Bosé- y Marlon Collins, un tema plenamente bailable en el que se pudieron apreciar esos vínculos claros con el reggaetón, la cumbia o la música urbana.
En esta línea, mañana se podrá escuchar también el ‘Dopamina’ de Atyat, otra propuesta llena de ritmo en el que los sonidos árabes -su padre, sin ir más lejos, es egipcio- se entremezclan con ‘beats’ más latinos. No serán los únicos. Porque durante la noche de este jueves también sonará en Benidorm ‘Bailándote’, la candidatura -con gran movimiento, obviamente- que trae al escenario el sevillano Dani J. Esta canción, como suele ser habitual dentro de su identidad reconocida fuera incluso de las fronteras nacionales, es una bachata moderna y la mejor prueba de cómo ese aire latino se ha expandido también por el Festival.
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