Hay lugares que cuentan historias de esfuerzo y coraje, que nacen en el lugar menor pensado y terminan convirtiéndose en un punto obligado para vecinos y turistas. Así ocurre con «Carrito Abilú», un clásico del Valle de Punilla que comenzó en el patio de una casa y hoy ofrece una experiencia gastronómica única en las sierras de Córdoba.
Lo que comenzó siendo un emprendimiento de dos personas hoy sostiene a quince familias.
Eugenia lo cuenta con naturalidad, como si todo hubiese sido sencillo. Pero detrás de sus palabras, hay decisiones fuertes. En 2018, ella y su pareja, Emanuel, comenzaron vendiendo pan casero en una simple mesita afuera de su casa. Lo hicieron durante tres años, hasta que surgió un pregunta clave: «¿qué más podemos hacer?».
Los dos venían del rubro gastronómico, sabían hacer sándwiches ricos, buena cafetería y comida rápida. Querían crecer y se les ocurrió instalar un carrito de comidas al paso, pensaron que sería una alternativa económica. Lo que no imaginaban era el costo que tendrían que afrontar. «No pensábamos que valía tanta plata»; reconoció Eugenia. Pero cuando uno está decidido, aparecen las oportunidades, tenían un Volkswagen Gol Power con un valor similar al del carrito y no dudaron.
En apenas cuatro días, hicieron el trueque en Villa Giardino. Cambiaron el auto por el sueño y empezó una nueva etapa. Desde el mismo patio de su casa, instalaron el carrito y comenzaron a vender lomos, hamburguesas y, poco a poco, sumaron empanadas árabes y pizzas. La demanda creció más de lo esperado. Llegaron más planchas, más manos que ayudaban y más movimiento.
Durante casi un año, trabajaron en la construcción del salón en el barrio Mirador del Lago de Bialet Massé, mientras seguían atendiendo desde el carrito. Finalmente, en diciembre del 2024, inauguraron el local de «CarritoAbilú» sobre la Ruta 38, que funciona de martes a domingo 8 a 15 horas y de 17 a 23 horas.
El lugar, que durante años fue un paso obligado antes de la Autovía de Punilla, sigue teniendo un movimiento constante. Además, hay un barrio enorme en la zona que sostiene una clientela fiel. Pero no solo llegan vecinos, reciben visitantes de Alta Gracia, Carlos Paz, Córdoba, La Falda y muchos otros puntos que vienen en búsqueda de las delicias de la casa.
El espíritu sigue siendo el mismo: familiar y cercano y ofrecen un plato distintivo: el lomito de molleja. Se trata de una especialidad que se volvió marca registrada y motivo de peregrinación gastronómica. «Nos hicimos muy conocidos por el de molleja»; contó Eugenia a EL DIARIO, mientras repasa las otras opciones del menú que van desde desayunos con combos completos, a un menú al mediodía con pastas y minutas, meriendas por la tarde y cenas por la noche.
En apenas ocho años, Eugenia y Emanuel lograron consolidar un proyecto sin atajos con el trabajo como única receta, En tiempos crisis y cierres, esta es una historia de crecimiento. Una de esas que recuerdan que a veces el progreso empieza con una mesita, un horno, y la decisión de cambiar un auto por un carrito.
