Todos los conflictos bélicos, y más los que tienen un vector económico en el origen -que son la gran mayoría-, acarrean turbulencias en los bolsillos. Las bolsas mundiales se han vuelto locas esta semana tras el ataque de EEUU e Israel sobre Irán, y con la respuesta posterior iraní. El precio del gas se ha disparado, y ya se hacen cálculos sobre cuánto se resentirá la riqueza de todos los países si la guerra se alarga. Pero donde la mayoría de analistas ponen el foco en las intervenciones militares recientes, tanto la de Venezuela como la de Irán, es en el control de los flujos de petróleo, y en ese ámbito los conflictos de las últimas décadas pueden dar pistas de la evolución de la situación.
La oferta y la demanda influyen en el precio del petróleo, pero también la percepción del riesgo de escasez, y es ahí donde las guerras actúan. Lo sabe el mundo entero desde la crisis de 1973, provocada por el embargo que establecieron los países árabes de la OPEP establecieron a todos los países que apoyaron a Israel durante la guerra del Yom Kipur. Los precios del barril de petróleo se triplicaron en pocos meses en países como Estados Unidos, que vio cómo se formaban colas ante las gasolineras por la escasez de combustible, cómo se disparaba el desempleo y cómo su PIB se contraía hasta un 6%. La crisis terminó para siempre con el petróleo barato que hasta entonces disfrutaba Occidente.
La siguiente sacudida importante se produjo a finales de la década de los 70, precisamente con la revolución iraní, y después con la guerra entre Irán e Irak. En aquella ocasión el precio del petróleo también se multiplicó por tres a escala global. A inicios de los 90 tuvo lugar el siguiente pico con la invasión del emirato de Kuwait por parte de Irak. La intervención posterior de una coalición internacional liderada por EEUU, en lo que se conoció como la Guerra del Golfo, moderó los precios en unos meses.
Crisis y pandemia
Después de ese episodio, los precios se mantuvieron generalmente estables hasta la siguiente subida, que no tuvo origen en ninguna guerra. El rápido desarrollo de los dos gigantes asiáticos, China e India, provocó que sus necesidades de petróleo crecieran de manera insólita. El precio del barril de brent, en récords históricos, estuvo a punto de alcanzar los 150 dólares en el verano de 2008. La crisis que comenzó ese año redujo drásticamente el precio, pero conflictos como las primaveras árabes lo acrecentaron poco después hasta 2014, cuando comenzó una bajada prolongada del precio que culminó en la desaceleración mundial de la pandemia.
Fue otra guerra, la que Rusia inició en Ucrania en 2022, la que devolvió el petróleo a precios nunca vistos desde más de una década antes, por encima de los 100 dólares el barril de brent. Tras un paulatino descenso posterior, las turbulencias recientes, provocadas por Donald Trump tras su segunda llegada al poder en EEUU, han deparado un crecimiento que se ha disparado en la última semana, cuando el barril ha superado de nuevo los 90 dólares.
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