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Un submarino nuclear soviético hundido en 1989 en el Atlántico Norte aún emite material radiactivo, según un nuevo estudio

Más de 35 años después de su hundimiento en el Atlántico Norte, el submarino nuclear soviético Komsomolets vuelve a ser noticia: una nueva investigación confirma la liberación intermitente de material radiactivo desde su reactor, aunque sin evidencia de fugas desde las armas nucleares que transportaba. Los expertos señalan que el impacto ambiental sigue siendo limitado, pero advierten sobre la necesidad de mantener la vigilancia a largo plazo.

El submarino nuclear soviético K-278 Komsomolets, hundido en 1989 en el mar de Noruega tras un incendio a bordo, ha sido el foco de un nuevo estudio científico, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). Según informa Phys.org, el reactor continúa liberando plutonio pero no se advierten por el momento fugas importantes desde las ojivas nucleares.

Emisiones confirmadas desde el reactor

Los científicos del Instituto de Investigación Marina de Noruega confirman en el estudio que el submarino está experimentando liberaciones intermitentes de radionúclidos. Entre ellos se han identificado isótopos como plutonio-239, plutonio-240 y uranio-236. Estos elementos son característicos del combustible nuclear utilizado en reactores, permitiendo concluir que el origen de estas emisiones es el reactor del submarino, no su armamento.

El Komsomolets, una herencia de la Guerra Fría, yace a una profundidad de aproximadamente 1.700 metros, donde las condiciones extremas del fondo marino, como la presión elevada, la baja temperatura y la corrosión progresiva, están deteriorando lentamente su estructura. Con el paso del tiempo, el blindaje del reactor ha sufrido daños, permitiendo filtraciones puntuales de material radiactivo al entorno marino.

Sin embargo, aunque el submarino transportaba torpedos con ojivas nucleares, no se ha detectado por el momento evidencia significativa de plutonio procedente de estas armas en las muestras analizadas. Esto sugiere que las ojivas permanecen, al menos por ahora, intactas y contenidas.

El impacto ambiental es por ahora mínimo, pero podría intensificarse a futuro

Además, los científicos subrayan que las concentraciones elevadas de radionúclidos se registran principalmente en las inmediaciones del casco del submarino, según indica Interesting Engineering. A medida que el agua se aleja del punto de emisión, los contaminantes se diluyen rápidamente en el enorme volumen del océano, por eso los niveles de radiación en áreas circundantes son considerablemente más bajos y no muestran acumulaciones preocupantes a escala regional.

Referencia

Status of the sunken nuclear submarine Komsomolets in the Norwegian Sea. Justin P. Gwynn et al. PNAS (2026). DOI:https://doi.org/10.1073/pnas.2520144123

Este fenómeno es crucial para evaluar el impacto ambiental real de las fugas. Aunque la presencia de materiales radiactivos es indudable y ya de por sí es preocupante, su aparente baja dispersión limita en forma considerable el riesgo para los ecosistemas marinos y para la salud humana. Los investigadores sostienen que, hasta el momento, no hay evidencia de que estas filtraciones estén afectando considerablemente la cadena alimentaria o las actividades pesqueras en la región.

Más allá de esto, los científicos advierten que el submarino seguirá siendo una fuente potencial de contaminación a largo plazo. La corrosión continuará avanzando y podrían producirse nuevas liberaciones en el futuro. Frente a esta amenaza, recomiendan mantener un monitoreo periódico del sitio para detectar posibles cambios en las características de las liberaciones.

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