La ciudad amaneció con ese temblor íntimo que solo trae consigo el Viernes de Dolores, víspera sentimental de la Semana Santa cordobesa. Era la antesala de un día marcado en el calendario cofrade, una jornada salpicada de rezos, silencios y pasos lentos, en la que la plaza de Capuchinos volvió a latir como el verdadero corazón espiritual de Córdoba.
Desde primeras horas de la mañana, largas colas comenzaron a dibujarse ante el santuario de la Virgen de los Dolores. Fieles de todas las edades aguardaban con paciencia el momento de cruzar el umbral del templo, movidos por un mismo impulso: encontrarse frente a la mirada serena y doliente de la Señora de Córdoba. A las once en punto, el interior del templo se llenó de recogimiento durante la misa presidida por el obispo de la diócesis, Jesús Fernández, mientras fuera la plaza respiraba ese aire antiguo que mezcla devoción, historia y piedra.
Muchos aprovecharon también el tránsito por la plaza para acercarse a la iglesia del convento de Capuchinos, donde María Santísima de la Paz y Esperanza Coronada aguardaba la veneración de los devotos en besamanos. Unos actos de veneración que también se sucedieron en los Trinitarios, donde el Cristo de Gracia permaneció expuesto en besapiés durante todo el día al igual que el Cristo de la Misericordia en San Pedro. En la parroquia de San Andrés, la Virgen de los Dolores de la hermandad del Buen Suceso recibió a sus devotos en besamanos, mientras que la Virgen del Rayo, en la parroquia de San José y Espíritu Santo, congregó también a numerosos fieles.
Cuando la tarde empezó a dorar los muros del convento y el sol se inclinó sobre los tejados, Nuestro Padre Jesús de la Sangre salió en vía crucis por los aledaños de Capuchinos. Las estaciones se sucedieron entre rezos y pasos medidos, mientras la luz del crepúsculo iba envolviendo la escena con un silencio solemne.
Un mapa de oraciones itinerantes
Pero el rezo no quedó circunscrito a este enclave. Córdoba entera se ha convertido esta noche en un mapa de oraciones itinerantes. Desde la parroquia de la Trinidad ha partido el vía crucis del Santísimo Cristo de la Providencia, que se ha encaminado hacia la Catedral acompañado por las marchas de la banda de música de la Esperanza.
También en el interior de la iglesia conventual de San Agustín, el Santísimo Cristo de las Angustias ha recorrido con su rezo las naves del templo, envuelto en la penumbra del incienso y la madera antigua. En el barrio del Parque Figueroa, el Cristo de las Lágrimas ha salido desde la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción para recorrer sus calles en vía crucis. Durante la jornada, la imagen ha estado expuesta para el besapiés, por la mañana y la tarde, recibiendo la visita pausada de quienes buscaban un instante de recogimiento.
Una de las imágenes en Vía Crucis este Viernes de Dolores por las calles de Córdoba. / CÓRDOBA
La devoción se ha multiplicado en otros rincones de la ciudad. El vía crucis de Nuestro Padre Jesús Caído por el entorno de la Cuesta de San Cayetano, Nuestro Padre Jesús Rescatado desde los Trinitarios, o Nuestro Padre Jesús de la Redención en las calles de su feligresía desde la iglesia de San Fernando.
En el barrio de San Lorenzo, el Santísimo Cristo del Remedio de Ánimas ha protagonizado su vía crucis desde la parroquia del mismo nombre, para ser entronizado después en su paso procesional. Muy cerca, Nuestro Padre Jesús Nazareno ha partido desde su capilla para rezar por las calles del entorno, mientras Nuestro Padre Jesús Divino Salvador en su Prendimiento ha hecho lo propio desde el santuario de María Auxiliadora.
En lo alto de la sierra, el silencio se ha sentido aún más profundo. La hermandad del Santísimo Cristo y San Álvaro de Córdoba ha celebrado su vía crucis en el santuario de Santo Domingo de Scala Coeli. El cortejo ascendió hasta el Monte Calvario deteniéndose en cada una de las cruces del recorrido, con la imagen del Cristo de San Álvaro presidiendo un camino de oración que parecía perderse entre los pinos y el cielo abierto.
Concierto de la banda de la Coronación de Espinas
Y como ocurre cada año, la música ha puesto su nota de emoción en este día de vísperas. La banda de la Coronación de Espinas ofreció un concierto ante los pasos de los titulares de la hermandad de la Merced, en su casa de hermandad, llenando el ambiente de marchas que sonaban ya a Semana Santa inminente.
Así, entre rezos, colas silenciosas, incienso y acordes de cornetas, Córdoba ha vivido su Viernes de Dolores como una jornada de antesala, un preludio íntimo en el que la ciudad comenzó a latir definitivamente al compás de su Semana Santa.
