Un análisis explora cómo el grupo musical platense, a través de su estética y lírica, propuso una forma descentralizada y performática de lo político durante la transición democrática.
En el marco de un ciclo organizado por la UNC, se analizó la trayectoria de la icónica banda de los 80, Virus, vinculándola con el contexto del quincuagésimo aniversario del Golpe de Estado de 1976. A diferencia de otras expresiones musicales de la época con un mensaje más directo, Virus construyó una propuesta artística basada en la superficie, el juego y la sonoridad.
El nombre de la banda, analizado desde una metáfora biológica, invita a pensar su mecanismo: así como un agente viral se propaga sin un núcleo celular propio, la música de Virus priorizó la circulación y el contagio de significantes por sobre un mensaje profundo y unívoco. Su lírica, heredera de juegos infantiles y canciones de ronda, con versos cortos y palabras inventadas, se fijaba en la memoria antes de ser completamente descifrada.
Según el análisis presentado, esta operación no constituyó una evasión de lo político, sino una dislocación del mismo. Frente a un contexto binario, Virus descentralizó la discusión, llevándola al terreno de las formas, el deseo, el cuerpo y la alegría. Su propuesta, descrita como «rizomática», se multiplicó en la superficie cultural, infectando el ambiente de la época con una nueva sensibilidad.
La conversación concluyó reflexionando sobre cómo la banda, con su consigna de «salir del agujero interior», encarnó una política que no buscaba confrontar directamente al poder, sino transformar la escena desde la performatividad y el contagio de nuevas superficies de placer e identidad.
