Concepción del Uruguay encendió la historia con brasas, esfuerzo compartido y una meta ambiciosa: superar la marca que hasta ahora ostentaba Uruguay. Y lo logró. En el marco de su 242.º aniversario, la ciudad entrerriana reunió a su gente, a sus instituciones y a una estructura de más de 350 metros cuadrados para lograr lo impensado: destronar un récord mundial con fuego y comunidad.
Fueron más de 8.600 kilos cocinados al mismo tiempo en 90 parrillas, una postal imponente que deja atrás la marca de los 6.000 kilos registrada en 2016 por el país vecino. Pero más allá del número, lo que brilló fue el espíritu: una ciudad entera trabajando unida, desde los que prendieron el fuego hasta quienes repartieron la comida, organizaron a los voluntarios y celebraron bajo el humo festivo de una hazaña nacional.
El evento no fue solo una competencia por los libros Guinness. Fue, sobre todo, una oportunidad para transformar el récord en un gesto solidario: los más de 8.000 kilos de pollo asado fueron entregados a más de 60 instituciones sociales, que los vendieron para recaudar fondos y sostener comedores, centros comunitarios, hogares y proyectos locales. La victoria fue colectiva en todo sentido.
El pollo fue donado por una empresa histórica del rubro cárnico que, además, celebraba sus 60 años de trayectoria. El cruce de aniversarios convirtió a la jornada en un encuentro simbólico entre historia, identidad local y presente comprometido.
Con esta hazaña, Concepción del Uruguay no solo quedó en los registros mundiales, sino que recordó lo esencial: que las grandes marcas no se logran con individualismo, sino con comunidad, calor humano y propósito compartido. Esa es la verdadera victoria que quedó encendida entre las brasas.
Y aunque el título haya cambiado de manos, lo más importante es que el fuego encendido sigue ardiendo en el corazón de la gente.
