A la vera de la Ruta Nacional 38, en el acceso sur de Capilla del Monte, se levanta una pequeña capilla de piedra que desde hace décadas recibe a vecinos y visitantes. Su silueta sencilla, recortada contra las sierras, se convirtió con el tiempo en una de las postales más reconocibles de la localidad.
La capilla está dedicada a San Antonio de Padua y fue construida a mediados del siglo XX, cuando Capilla del Monte comenzaba a consolidarse como destino turístico serrano. Su emplazamiento no fue casual: se pensó como un espacio de recogimiento para quienes llegaban al pueblo y como una señal visible del ingreso al casco urbano.
Edificada con piedra de la zona y un marcado estilo rústico, responde a la arquitectura serrana tradicional. Su campanario abierto y su escala reducida refuerzan la idea de capilla de paso, más ligada al camino y al paisaje que a la función parroquial.
Con el correr de los años, el lugar trascendió lo estrictamente religioso. Hoy es un punto de referencia histórico, cultural y turístico, muy elegido para fotografías y breves detenciones, especialmente por su entorno natural y su cercanía con otros atractivos emblemáticos de Capilla del Monte.
Más allá de su tamaño, la capilla conserva un fuerte valor simbólico: representa el umbral entre la ruta y el pueblo, entre el viaje y la llegada, y forma parte del patrimonio cotidiano que define la identidad serrana de la ciudad.
