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Y si el clima no es el principal condicionante de la distribución de las aves de montaña? Un estudio pone las cosas claras

La distribución de la biodiversidad en las montañas no responde principalmente a un legado evolutivo de adaptación a franjas climáticas estrechas, como a menudo se ha teorizado, sino a una dinámica ecológica actual en la que la gestión eficiente de la energía es el factor determinante.

Esta es la principal conclusión de una investigación internacional publicada en Science Advances, que ha analizado los movimientos estacionales de casi once mil poblaciones de aves en treinta y cuatro regiones montañosas de todo el mundo.

El estudio revela que muchos pájaros no migran altitudinalmente para seguir un rango térmico específico, sino para optimizar su balance energético en un entorno competitivo, un comportamiento análogo al de la migración latitudinal de larga distancia pero a escala de ladera.

Competencia por los recursos

Durante décadas, la ciencia ha debatido por qué la riqueza de especies varía con la elevación. Una hipótesis predominante, la del «conservadurismo de nicho macroevolutivo», sostiene que los patrones actuales son el resultado de procesos históricos: las especies evolucionaron adaptándose a condiciones climáticas particulares en bandas altitudinales, conservando esos nichos y limitando su distribución.

Gorrión alpino. / Francesco Veronesi

La hipótesis alternativa de la «eficiencia energética» propone que, en el presente, las especies se distribuyen para minimizar costes y maximizar la adquisición de energía, en una arena ecológica donde la competencia por los recursos es clave. Para dirimir entre ambas, un equipo utilizó la estacionalidad como un experimento natural.

Los investigadores emplearon una masiva base de datos de ciencia participativa procedente de eBird para caracterizar los rangos altitudinales estacionales de 10.998 poblaciones, pertenecientes a 2.684 especies.

Migración ‘ladera arriba’

Los resultados ofrecen un sólido respaldo a la hipótesis de la eficiencia energética. Se constató que la migración altitudinal es un fenómeno global notable: el 31,1% de las poblaciones son migrantes altitudinales. Sin embargo, una proporción significativa (el 36,5%) no sigue fielmente las condiciones térmicas estacionales, definidos como aquellos cuyas altitudes medias estacionales difieren en más de 200 metros; es más, muchas rastrearían peor la temperatura si no se movieran.

Sin embargo, y en contra de lo que predeciría la hipótesis del conservadurismo de nicho, una proporción significativa de estos migrantes (el 36,5%) no sigue fielmente las condiciones térmicas estacionales; es más, muchas poblaciones rastrearían peor la temperatura si no se movieran.

Roquero rojo. / ICO / Fons fotogràfic Àngel Biosca i Farré

Un hallazgo llamativo es que más de una cuarta parte de los migrantes en latitudes medias expanden activamente su nicho térmico migrando ‘ladera arriba’ durante la estación fría, un comportamiento que el modelo de eficiencia energética sí logra explicar. «La eficiencia energética parece impulsar tanto la distribución estacional de las aves a través de las latitudes como a lo largo de las laderas de las montañas», explica el autor principal, Marius Somveille.

«Esto sugiere que los gradientes altitudinales en las distribuciones de aves podrían ser una versión condensada de los gradientes latitudinales correspondientes, y que la migración altitudinal cumple la misma función ecológica que la migración de larga distancia, como volar hacia los trópicos en invierno: ahorrar energía y sobrevivir en condiciones cambiantes«, añade.

Herramientas predictivas

El estudio cuantifica una relación esclarecedora: 115 metros de cambio en la elevación equivalen a aproximadamente un grado de cambio latitudinal en términos del patrón de diferencia estacional de riqueza, reforzando la idea de que la montaña es un microcosmos del gradiente latitudinal.

La investigación también ofrece herramientas predictivas. El modelo sugiere que los desplazamientos altitudinales pueden explicarse por cambios en el balance energético óptimo al reducirse los costes de termorregulación en cotas más altas.

Treparriscos posado en una pared. / Kookaburra81

«La actividad humana está afectando a dónde están disponibles la energía y los recursos en los entornos montañosos. Las elevaciones más bajas están perdiendo hábitat debido a la actividad humana, mientras que las elevaciones más altas permanecen más protegidas porque son más difíciles de alcanzar. Estos cambios probablemente alterarán significativamente dónde pueden vivir las aves y cómo se distribuyen por las montañas», concluye Somveille.

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