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Las turberas árticas se expanden por el calentamiento global: los científicos subrayan la urgente necesidad de protegerlas

El Ártico se calienta casi cuatro veces más rápido que la media del planeta. En las últimas cuatro décadas, el incremento medio de las temperaturas ha rondado los cuatro grados, un cambio drástico que está reconfigurando sus ecosistemas. Una consecuencia directa de este proceso es que las turberas árticas, fundamentales por su capacidad de almacenar carbono, han comenzado a expandirse.

Una investigación, publicada en Global Change Biology y liderada por la Universidad de Exeter ha analizado 91 muestras de suelo en doce enclaves del Ártico europeo y canadiense, y ha confirmado que desde 1950 los bordes de estos ecosistemas han avanzado, en algunos casos, a un ritmo superior a un metro por año.

Hasta ahora, la información sobre la expansión lateral de las turberas en el pasado era escasa para gran parte del círculo polar, incluyendo el archipiélago ártico canadiense y Svalbard. Esta falta de datos empíricos a gran escala dificultaba la comprensión de cómo responden estos sumideros de carbono a un clima en transformación.

Aumento de las temperaturas

El equipo liderado por Josie Handley, empleó un enfoque paleoecológico para reconstruir esa historia. Mediante la extracción de monolitos –muestras cilíndricas de suelo– a lo largo de transectos que iban desde el centro hasta los márgenes de las turberas, los investigadores pudieron fechar la turba basal y calcular la velocidad a la que estos ecosistemas ganan terreno.

«Nuestros resultados indican que las turberas de nuestro estudio ahora cubren un área mayor que en cualquier otro momento de los últimos 200 a 300 años –y potencialmente antes– y están acumulando activamente turba nueva», explica Handley.

Turberas de permafrost con depresiones lacustres. / Hans Joosten

«Esto sugiere firmemente que las turberas se han expandido por todo el Ártico y que esto está relacionado con el aumento de las temperaturas, ya que el principal período de expansión en todos los sitios ocurrió durante el período postindustrial de calentamiento climático». El 75% de los enclaves analizados mostraron signos de formación reciente de turba, y en ocho de ellos ese proceso se ha dado en los últimos treinta años.

Ecosistemas anegados

Las turberas son ecosistemas anegados que, pese a cubrir apenas el 3% de la superficie terrestre, almacenan alrededor de 600.000 millones de toneladas de carbono, una cifra superior a la de toda la biomasa forestal mundial. Sin embargo, el estudio revela que la expansión no sigue un patrón único ni constante.

Los investigadores identificaron tres modos distintos de crecimiento: uno lineal, donde la turba avanza gradualmente desde el centro hacia los bordes; otro por coalescencia, en el que pequeños núcleos de turba dispersos en el paisaje acaban uniéndose; y un tercero, denominado expansión simultánea, en el que grandes extensiones de terreno, sin barreras topográficas, comienzan a formar turba al mismo tiempo.

Este último caso se observó con claridad en el valle de Iqalutuut (Canadá), donde siete muestras separadas por 24 metros mostraron edades de formación casi idénticas, entre 2007 y 2016. La variabilidad en las tasas de expansión –que oscilan entre valores muy reducidos y los más de diez centímetros anuales– no depende únicamente de la temperatura.

Frenar el cambio climático

La topografía, la hidrología local y la presencia de permafrost juegan un papel determinante. En Svalbard, por ejemplo, los acantilados y morrenas frenan el avance de las turberas, mientras que en zonas de pendiente suave y mal drenadas, como Suossjavri (Laponia), la expansión es mucho más rápida.

Paisaje ártico en Noruega. / Pixabay

La disponibilidad de agua es un factor crítico: en los sitios canadienses más fríos, la turbera de Peat Qilaliariak, asociada a un arroyo, ha crecido a una media de 13,8 centímetros por año sobre un sustrato arenoso, un ejemplo de cómo la humedad superficial puede impulsar la formación de turba incluso en condiciones climáticas adversas.

«La expansión de las turberas en el Ártico cambiará profundamente el destino del carbono en la región y en la atmósfera», advierte Angela Gallego-Sala, coautora del estudio. Un mayor almacenamiento de carbono ayudaría a frenar el cambio climático, pero el escenario no es lineal.

Liberación de carbono

«Un calentamiento futuro extremo podría causar la pérdida de turberas y la liberación de ese carbono», añade la científica. El trabajo también subraya que, aunque la tendencia actual es al crecimiento, los modelos climáticos a gran escala aún no incorporan adecuadamente estos procesos dinámicos de expansión, lo que limita las proyecciones sobre el futuro de estos sumideros.

El estudio forma parte del proyecto ICAAP (Incremento de la Acumulación en las Turberas del Ártico) y se apoya en investigaciones previas basadas en datos satelitales. Katherine Crichton, también firmante del trabajo, incide en la fragilidad de estos ecosistemas: «El Ártico está en la mira de diversas industrias, incluidas la del transporte marítimo y la minería. Nuestro estudio confirma que las turberas árticas están expandiéndose, lo que pone de relieve la creciente importancia de estos frágiles ecosistemas y la urgente necesidad de protegerlos y valorarlos«.

Distribución de las turberas de permafrost. / PNUMA

Los hallazgos sugieren que, si las condiciones de humedad y topografía lo permiten, el Ártico podría seguir ganando nuevos territorios de turbera en las próximas décadas, un proceso que, de momento, actúa como un freno natural al aumento de carbono en la atmósfera. Pero, ¿qué ocurrirá en el futuro?

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