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Naturgy promete estabilidad y paz accionarial: blinda a su presidente y premia con más poder a los socios que se quedan

Francisco Reynés suele decir que su gran objetivo es que Naturgy sea “la compañía más aburrida, la más predecible y la más confiable”. El grupo no siempre lo consigue. O no consigue todo a la vez. La energética, principal gasista y tercera mayor eléctrica de España, lleva muy a gala cumplir los objetivos financieros y ajustarse a sus previsiones estratégicas. Puede presumir de previsible y confiable, pero de aburrida… El grupo ha vivido en una agitación casi continua en los últimos años por la pretensión de parte de sus grandes accionistas de salir de la compañía.

Un adiós que es más que un anhelo de los fondos de inversión presentes en el accionariado (BlackRock-GIP y CVC-Alba) y que ha sacudido la tranquilidad interna de la compañía mientras se exploraban diferentes vías para facilitar la marcha de unos socios, mientras que los que se quedaban (principalmente CriteriaCaixa) pilotaban quién y cómo entraba al capital. Han sido años de tentativas, con una opa finalmente fallida por parte de Abu Dabi y una ‘autoopa’ lanzada por la propia energética para recortar las participaciones de sus grandes accionistas y elevar el capital que cotiza en bolsa.

Hace un par de meses la reorganización accionarial pendiente arrancó, con BlackRock vendiendo parte de su participación y Criteria elevándola. Y en los mentideros de los mercados financieros y del sector energético se da por hecho que BlackRock-GIP (hoy con un 12,6%) y CVC (con un 13,8%, más el 5% de Alba) acabarán completando su salida. Los que se quedan y los que se van parecen dispuestos a remar para que la reordenación sea pacífica. Y Naturgy se ha propuesto lanzar al mercado un mensaje de estabilidad y de paz accionarial, presente y futura.

El grupo promete estabilidad en lo más alto de su poder ejecutivo. El consejo de administración por unanimidad ha decidido adelantar un año la renovación del mandato del presidente Paco Reynés y extenderlo hasta 2030, con lo que no sólo se encargará de desplegar el actual plan estratégico (hasta 2027) sino que diseñará también el siguiente. Tras movimientos pasados para recuperar la figura del consejero delegado, los socios refrendan su confianza a largo plazo en Reynés y le aseguran todo el poder. Para reforzar esa vocación largoplacista y de permanencia, el presidente también se pondrá al frente de una comisión del consejo de administración de nueva creación, un nuevo órgano asesor sobre la visión estratégica para enfocar el futuro de la compañía.

Los grandes accionistas de Naturgy también han diseñado un nuevo juego de pesos de poder en el consejo de administración con la que se traslada un mensaje de pacificación tras las tensiones de antaño entre algunos socios. Tras su reducción de participación, BlackRock-GIP pierde un consejero y se queda con dos. Y el fondo australiano IFM (con un 15,5% del capital) ve reforzada su presencia en el órgano de gobierno con un tercer consejero, los mismos que tiene Criteria a pesar de su participación accionarial mucho mayor (casi un 26%).

El propio Reynés admite que el nuevo reparto no busca ser «sólo matemático», sino que la reordenación pretende reconocer el «compromiso de los accionistas con los objetivos y el futuro compañía». IFM siempre ha insistido que su visión en Naturgy es de largo plazo, y que sus inversiones no duran años, sino décadas. La compañía (y Criteria) premian la vocación de permanencia como socio a largo plazo de IFM con más poder, a la espera de un eventual aumento de participación accionarial en el futuro.

Criteria, el brazo inversor de la Fundación LaCaixa, renuncia voluntariamente a tener más representación y se mantiene con tres consejeros, a pesar de haber elevado su peso accionarial recientemente con un 2% extra. De hecho, el consejo de administración de Naturgy tiene una plaza vacante (tiene 15 miembros cuando el máximo de asientos permitido en sus estatutos es de 16), pero el núcleo duro de accionistas prefiere no ocuparla para favorecer el equilibrio de poder y de buscar acuerdos entre socios con mayorías reforzadas.

Se da la particularidad, no obstante, de que Francisco Reynés tiene la categoría de consejero ejecutivo y no de consejero dominical (en representación de algún accionista), pero también ocupa la vicepresidencia de Criteria. Desde la compañía se subraya que la renovación de Reynés y el mayor peso que se le da a IFM en el consejo son dos procesos paralelos para dar estabilidad al grupo, pero que no se trata de un trueque. «Para nada entendamos una cosa a cambio de la otra», sentenció el presidente en un encuentro con medios de comunicación. “Con la estructura accionarial actual hemos encontrado una solución con la que se sienten cómodos todos… en ausencia de más cambios accionariales”. Unos cambios que previsiblemente vendrán.

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