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Las operaciones de paz ante la crisis del multilateralismo

Escribir hoy sobre operaciones de paz implica hacerlo en un contexto de cuestionamiento profundo al multilateralismo. La arquitectura internacional creada tras la Segunda Guerra Mundial para evitar conflictos a gran escala enfrenta dificultades insalvables. Y cuando el sistema diseñado para garantizar la paz se debilita, surge una pregunta inevitable: ¿quién puede hoy imponerla?

La actual situación de la ONU lleva a algunos analistas a compararla con la Liga de las Naciones en el período previo a la Segunda Guerra Mundial. Una estructura sobredimensionada, un sistema de toma de decisiones paralizado por el derecho de veto y misiones cada vez más complejas, pero con menos recursos, configuran un escenario crítico. El desafío de recuperar ese rol que le reconoció la comunidad internacional es enorme. El rol de un nuevo secretario general reconocido por los Estados miembros más poderosos adquiere una dimensión sumamente importante en el futuro de la organización y del multilateralismo en general.

En este contexto de crisis severa, la política exterior de Estados Unidos bajo la administración Trump introdujo un giro de enorme relevancia. Su “estrategia de seguridad nacional” declaró obsoleto el orden internacional liberal y adoptó un enfoque abiertamente realista y pragmático: EE.UU. no se concibe a sí mismo como gendarme internacional y solo se involucra cuando sus intereses nacionales están directamente en juego. “Los asuntos de otros países solo nos conciernen si amenazan nuestros intereses”, afirma el documento con claridad. Esto implica abandonar la idea de actuar como garante global y participar solo cuando existan intereses nacionales directos. El principio no es nuevo –ya había sido esbozado tras Somalia en 1993–, pero hoy se expresa sin ambigüedades.

El resultado es un escenario donde los conflictos que no afectan a las grandes potencias quedan fuera de prioridad estratégica, aun cuando continúan multiplicándose: insurgencias, terrorismo, colapso estatal y guerras internas. La intervención de EE.UU. cuando decide involucrarse en la resolución de determinados conflictos produce resultados. Independientemente de los cuestionamientos que se pueden plantear a situaciones específicas, se verifica que donde hay interés de EE.UU. en involucrarse en la resolución de los conflictos se desarrollan acciones en esa dirección.

La creación del Consejo de la Paz y la posible generación de una “fuerza de estabilización” para Gaza aparecen como un modelo muy peculiar, con aportes de tropas y organización mayoritariamente musulmana, que en este caso requirió una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para su conformación. Subsisten las dudas respecto de las “reglas de empeñamiento” (reglas que regulan el uso de la fuerza) que se utilizarían. La pregunta preliminar es: los eventuales despliegues futuros de un Consejo de la Paz, cuya estabilidad en el tiempo se desconoce, ¿serán una solución aceptable para la comunidad internacional? ¿Solicitarán una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para de alguna manera ser legitimados?

La realidad muestra que los conflictos que pueden no ser prioritarios para Washington continúan y continuarán multiplicándose, afectando tanto a Estados como a intereses económicos globales. Enfrentarlos requiere recursos, voluntad política y capacidad operativa, tres elementos cada vez más escasos en el sistema multilateral tradicional. En ese vacío emergen actores alternativos. Las organizaciones regionales muestran mayor capacidad de despliegue y mejor comprensión cultural del terreno, proporcionando una fuerza de entrada rápida y estabilización inicial. El compromiso regional es imprescindible y los recursos para poder afrontar los desafíos, también.

Pensar hoy en intervenciones guiadas exclusivamente por el altruismo resulta ingenuo. Las decisiones de intervenir estarán condicionadas por intereses concretos, ya sean estatales o de otros actores del sistema internacional. En este escenario, hoy la ONU tiende a ceder protagonismo operativo y a limitarse, en algunos casos, a otorgar legitimidad política mediante resoluciones del Consejo de Seguridad, como la mencionada. En paralelo, se consolida una tendencia incómoda pero ineludible: la participación de empresas militares y de seguridad privadas en tareas de pacificación. Casos como Sierra Leona y Angola en los años 90, y más recientemente Haití, muestran que estos actores pueden llenar vacíos de seguridad allí donde las fuerzas locales y las misiones internacionales han fracasado. Su eficacia operativa, sin embargo, plantea dilemas jurídicos, éticos y políticos de magnitud.

La tercerización de la seguridad y, en algunos casos, de la guerra es ya una realidad de los conflictos contemporáneos. Puede ofrecer soluciones pragmáticas, pero exige marcos regulatorios sólidos, supervisión internacional y mecanismos de control que aseguren el respeto del derecho internacional humanitario y los derechos humanos. El empleo del mecanismo propuesto por el Consejo de la Paz abre interrogantes sobre legitimidad, reglas de enfrentamiento y relación con el sistema de las Naciones Unidas, pero también introduce una cuestión más profunda: si mecanismos ad hoc pueden transformarse en sustitutos funcionales del multilateralismo clásico.

No existen fórmulas perfectas. El modelo clásico de operaciones de paz está en transformación y probablemente el futuro combine esfuerzos globales, regionales, organizaciones ad hoc, recursos públicos y privados y actores estatales y no estatales con o sin legitimación del Consejo de Seguridad de la ONU. La pregunta ya no es si el sistema cambiará, sino si la comunidad internacional será capaz de adaptarse a los cambios que el nuevo entorno plantea.

General de División (R); oficial de Estado Mayor /Lic. Estrategia y Organización. Master of Arts (International Relations) Universidad de Indianapolis. Profesor de “Seguridad internacional, análisis y prevención de riesgos” en la maestría de Relaciones Internacionales de la UB; miembro de 3 operaciones de paz de la ONU (Irak-Kuwait, Chipre y Haiti); exjefe de Estado Mayor Conjunto Combinado Fuerza de Paz “Cruz del Sur”. Autor del libro Operaciones de paz en la posguerra fria

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